Tag Archives: posdesarrollo

Actualización del Gas

Esta es la tercera de una serie de entradas para actualizar la situación del gas en Colombia en el último año. La primera entrada fue una actualización de los datos nacionales y la segunda un análisis sobre la forma que tiene la ANH de tratar la información estadística del gas.

Si no quieren leer esos posts, se los resumo aquí. La situación en general es bastante mala, como se ve en el siguiente gráfico:

Producción y Consumo de Gas en Colombia

Después de unos años de subida rápida de la producción de gas, esta empezó a desplomarse en 2013 y la caída está siendo bastante dura. Poco tiempo después el consumo empezó a caer, aunque más lentamente de forma que en 2016 Colombia empezó a importar gas. A no ser que hayan habido grandes cambios 2017 será todavía peor.

Mes a mes la producción se ve asi:

Sobre la información de la ANH solo recordar que es terrible, y por lo tanto los datos por campos son bastante escasos y mediocres. Finalmente conseguí hacer algo útil con ellos y es por eso que escribo este post.

Como dije en previas entradas la producción de gas está bastante más concentrada que la de petróleo. Si para juntar el 50% del petróleo hacen falta los 14 campos más grandes, para el gas basta con los 7 más grandes para juntar al rededor del 80% de la producción.

Los 7 campos que estudiaré son: Cupiaga, Cupiagua Sur, Cupiagua Liria, Cusiana, Cusiana Norte, PautoSur y Chuchupa.

La medida que uso es el Millón de Pies Cúbicos Dia Calendario (MPCDC), porque con esta medida hay datos comparables de 2014, 2016 y 2017 (hasta septiembre). He tomado como base los datos de producción fiscalizada.

Para 2015 he calculado la subida o bajada media de cada campo por mes para unir los datos del último mes de 2014 y el primero de 2016. El resultado es este:

Si tuvieramos datos comparables de 2013 veríamos una caída aún más pronunciada porque como recordarán ese fue el año del máximo de producción.

Los cuatro campos más importantes en 2014 Cupiagua, Chuchupa, Cusiana y Cusiana Norte han caído entre un 30% y un 50%. Ningún campo supera ahora los 400 MPCDC y el único que sube significativamente ha sido Pauto Sur que práctiamente ha doblado su producción y ahora es el más importante.

Si sumamos toda la producción de estos campos queda algo así:

La caída en menos de 4 ños es del 25%.

Todos estos campos están en Casanare salvo Chuchupa que está en La Guajira.

Es decir que más de la mitad de la producción nacional se concentra en una sola cuenca. Y esta está cayendo a gran velocidad sin que aparezca un reemplazo.

Veremos como termina el año y si finalmente se consolida una meseta como en el caso del petróleo o si la caída se acelera.

Advertisements

Buscar petróleo en Caquetá

En cuanto al panorama petrolero llevamos casi un año con la extracción por debajo del millón de barriles diarios. En septiembre puede estar por debajo de los 800.000 barriles al día. Parece que las caídas seguirán al menos en los próximos meses.

De todo lo demás, lo más importante que ha sucedido en el contexto colombiano es que se acaba de perder el plebiscito por la paz que culminó un proceso que ha durado más años que el millón de barriles diarios.

Antes de esto último las petroleras y el gobierno confiaban en dos cosas en materia energética: 1) que gracias al ahora imprevisible fin de la guerra se podrá explorar lugares donde antes no era seguro hacerlo y 2) que en alguna de esas zonas, como el Caquetá, aparezca petróleo como apareció en el Meta o en Casanare en el pasado.  Las petroleras y el gobierno, por cierto, tienden a actuar conjuntamente.

Aunque ahora todo está en el aire y la confusión es máxima, confiar en esas dos hipótesis tiene a su vez dos consecuencias:

  1. Para perforar en busca de petróleo en zonas como estas hay que enfrentarse a las comunidades indígenas, los campesinos, los activistas y los pequeños municipios que viven de otro tipo de actividades, fundamentalmente de la agricultura, la ganadería y la pesca y que sobretodo tienen o quieren tener una relación con la naturaleza no de explotación y dominación sino de simbiosis y cooperación:

Por su parte, en un comunicado de investigadores y estudiosos del Caquetá en defensa de la Amazonia colombiana, sentaron su posición en rechazo de dicha consulta. En texto manifiestan que la incursión petrolera desde el 2006, ha llevado a que campesinos inicien desde el 2014 un proceso de organización en defensa del territorio, bajo un “No rotundo” de la población campesina a la exploración y extracción de petróleo.

2. Estas mismas actividades exploratorias implican un cierto grado de destrucción. Destrucción de aquello mismo que da sustento a la sociedad que conocemos, aquello que permite mantener un clima, una biodiversidad, una tierra y un aire propicio para la vida en la tierra a cambio de una energía en forma de petróleo que a su vez se usará en parte para intensificar esa destrucción.

*

El Caquetá no es solo un departamento pobre, es parte de la frontera norte del Amazonas, la zona más rica, biodiversa, importante y tal vez frágil de la tierra. Pero también es la frontera sur del desarrollo, del progreso y también de la exploración y explotación petrolífera en Colombia. Tal vez no sea exagerado decir que es la frontera entre Thanatia y Gaia (PDF), entre lo vivo y lo muerto.

 

Hace unos seis años se descubrío entre los ríos Caquetá y Orteguaza una nueva especie de tití: el Tití de Caquetá. Su población total puede ser de menos de 250 ejemplares, y su hábitat es una zona de solo 100 km cuadrados. Por eso está clasificada como en peligro crítico de extinción. Pronto seguramente desaparecerá.

Bienvenidxs a Thanatia.

 

 

Factores del declive y un chivo expiatorio

Y la caída sigue. En agosto se produjeron solo 827.000 barriles, casi 20.000 menos que en julio.

Al mismo tiempo Ecopetrol anuncia un plan de choque para aumentar la producción en unos 25.000 barriles diarios de aquí a final de año. Esto quiere decir que el mejor plan de choque que puede implementar la mayor compañía petrolera del país no alcanza para cubrir las caídas de dos meses de producción. De aquí a diciembre las petroleras que trabajan en Colombia estarán extrayendo menos de 800.000 barriles al mes, una caída de al rededor del 20% en solo un año. Mis previsiones más pesimistas se están viendo superadas (y las de casi todo el mundo).

Como he dicho muchas veces hay diferentes factores que ayudan a explicar qué es lo que está pasando. Aquí van con mucho cariño para los periodistas de El Tiempo que andan perdidísimos

Primero que todo están los factores geológicos: Colombia no es un gran país productor de petróleo, es un productor mediano que solo tiene cierta relevancia porque consume menos de un tercio de lo que produce y por lo tanto exporta, por ilógico que pueda parecer. Además tiene pocas cuencas, de mala calidad y la mayoría del petróleo que queda es pesado, por lo tanto costoso de extraer en términos económicos, ecológicos y energéticos. Tiene una larga historia petrolera y los mejores campos ya han sido descubiertos y están en declive terminal como Cusiana, Caño Limón o el más reciente Rubiales.

Luego están los factores económicos: El precio del petróleo se empezó a hundir en 2014, toco fondo a principios de este año en menos de 30US$ por barril y ahora lleva un tiempo estancado en 50US$ por barril, eso es menos de la mitad de la media que hubo entre 2010 y 2014. Por eso se ha hundido la inversión en exploración, no solo en Colombia sino en todo el mundo, a pesar de que la industria se empeñe en afirmar que toda la producción, salvo la de Vichada, sigue siendo rentable:

costo-petroleo

Los factores socio-políticos: estos son los más difíciles de medir, los más contradictorios y los más subjetivos. Esto sucede por que la ni la sociedad ni la política son cosas monolíticas, unitarias ni coherentes. Diferentes grupos sociales tienen diferentes ideas políticas y por lo tanto hay enfrentamientos. Por una parte el gobierno tiene que buscar un equilibrio entre el simple regalo de los recursos naturales a las multinacionales y la satisfacción de las necesidades sociales. Cada comunidad sufre las consecuencias de la explotación del petróleo en su territorio y por eso se opone a ella y cada empresa se beneficia por cada metro cuadrado extra en el que pueden explorar y por tanto presiona para conseguirlo.

Últimamente multitud de protestas sociales de las comunidades indígenas y de muchos otros colectivos están ganando visibilidad, en parte porque los problemas que genera la explotación minero energética cada vez son también más visibles. De forma que se paralizan y se aplazan proyectos de extracción y exploración por las protestas de las comunidades, esto aumenta los costes de la exploración y explotación y por tanto influyen en la reducción de la producción. La realidad, sin embargo, es que la incidencia de los factores socio-políticos y de las protestas de las comunidades es bajísima, de apenas 9.000 barriles diarios por día de bloqueo, según reconoce la propia Campetrol.produccion-perdida-por-bloqueos

El chivo expiatorio

Pero si la incidencia de esto último es tan baja ¿porqué hay tanto revuelo al rededor de las protestas y los bloqueos? No se molesten en buscar explicaciones a la caída de la producción que incluyan la geología, la economía y la política. Algunas incluyen solo lo segundo y lo tercero, algunas se atreven a mencionar solo la política. Ninguna se basa en lo más importante, la geológia. ¿Porqué? porque ese es lo único que no tiene solución. Siempre se podría meter más plata, siempre se podrían cambiar las leyes o reprimir más a las comunidades. Nunca se podría forzar a la tierra a albergar más petróleo o en mejores condiciones que las que hay.

El/la colombiana/o medio comparte la cosmovisión occidental del progreso como fin último, la misma que tienen los gringos, los europeos, los australianos… El progreso,el desarrollo, para esta cosmovisión esta inevitablemente ligado al crecimiento, no hay una noción de límite, de suficiencia. “Más” siempre es mejor. Y lo que es peor “más” siempre es necesario.

Una ventaja que tiene Colombia es que al ser un país con diversidad cultural también hay diversidad de cosmovisiones. Hay en este país otras culturas que tienen otros objetivos, otros medios y otras prácticas. Para esas culturas es más importante mantener en buen estado sus tierras ancestrales, su cultura y sus costumbres que producir un millón de barriles de petróleo diarios. Por eso bloquean, demandan y protestan.

Pero lo interesante de esto no es lo que hacen las otras culturas, sino lo que hace la nuestra, la dominante, la de los colonos, los blancos, los occidentales. Nuestra cultura es tan impermeable al cambio como cualquier otra, no somos especiales. Para nosotros el fin último es progresar, crecer, desarrollarnos, no importa que tan perjudicial sea eso para otros o para nosotros mismos, que tan difícil sea o si finalmente se demuestra simplemente imposible. Nosotros siempre vamos a buscar la forma de hacerlo o de buscar culpables si no podemos.

Es por eso que necesitamos un chivo expiatorio, alguien que nos descargue del peso abrumador de creer en lo imposible cuando esa imposibilidad se hace evidente. Alguien o algo que nos permita seguir sin tener que hacer frente al hecho de que nuestro principal anhelo y el motor de nuestra sociedad es un absurdo, algo ilógico, inalcanzable. Y ¿quién es el mejor chivo expiatorio? “El otro”, alguien “ajeno” a nosotros, alguien con una cosmovisión diferente… Las comunidades indígenas. Con la contradicción en la que eso nos mete: por un lado son la referencia a la que nos gusta acudir en busca de nuestra identidad más profunda, y por otro son la causa de nuestros “problemas”.

Siempre que lean las críticas a las comunidades acuérdense de esto.

Un futuro sin petroleo II

En el anterior post hablabamos de como se construye ese relato colectivo hegemónico que dice que lo que conocemos como Colombia, necesita del petróleo para solucionar sus problemas, sobretodo el posconflicto. Este discurso es algo así: “sin los recursos que genera el petróleo no habría plata suficiente para apoyar todo lo que ese proceso significa.”

Este es un relato duro y malintencionado que apela a lo peor de la sociedad: “sin esos recursos es posible que ese proceso descarrile y todo vaya incluso peor: más guerra, más violencia, más pobreza… ” Todo a lo que le tememos esta en juego en ese relato.

Además este relato, como todos, clasifica entre buenos y malos. Hay muchas versiones del mismo, pero en la que revisamos concretamente, los malos eran las comunidades (se refieren por su puesto al cierre parcial de Quifa), los costes laborales, la regulación ambiental… los buenos, por su puesto, eran las empresas explotadoras de petróleo y sus afines. Digamoslo de otra forma a ver que nos parece:

  • Malos: los que sufren las consecuencias negativas de la exploración, explotación y uso del petróleo.
  • Buenos: los que se benefician de la exploración, explotación y uso del petróleo.

Nadie lo dice así porque el que construye el relato además se preocupa de venderlo como si representara los intereses de todos. Por eso se mezcla con el posconflicto.

Sigamos. Todo el mundo quiere construir relatos y que se conviertan en hegemónicos, y hay verdaderas guerras épicas por la hegemonía en la construcción de relatos. Hay gente que pierde la vida por ellos. Berta Caceres la perdió hace poco por tratar de crear uno más justo.

Yo quiero hacer lo mismo: construir un relato alternativo, una forma de ver las cosas diferente que genere diferentes prácticas. Pero ¿cómo?

Un relato para ser efectivo y poder generalizarse tiene que ser:

  1. claro
  2. fácil de entender
  3. coherente y
  4. tiene que tener un mínimo de anclaje en la realidad (aunque a veces uno lee algunos relatos que lo hacen dudar de esta última cuestión).

Las primeras dos características son las más importantes, las otras dos uno se las puede saltar durante un tiempo y el relato puede aún funcionar. Eso sí, tarde o temprano si uno no es coherente y se inventa las cosas lo agarran.

Bueno, aca van las bases del relato alternativo:

  1. El crecimiento ilimitado es imposible: no se puede extraer cada vez más petróleo ni la misma cantidad de petróleo indefinidamente. Las cosas se acaban. Punto.
  2. El crecimiento ilimitado no es bueno: de la misma forma que las plantas o los animales crecen durante una etapa de su vida y luego dejan de crecer, las sociedades y sus economías deberían hacer lo mismo. Lo demás es hipertrofia

Esta es la base de todo. Estas dos sentencias se pueden aplicar a cualquier campo, a la arquitectura, a la demografía, a la economía, al petróleo, a la minería o a cualquier otra cosa que tenga que respetar las leyes de la física.

Pero sigamos. Vayamos a lo concreto, es decir, al esqueleto básico del relato alternativo sobre el petróleo en Colombia.

  1. No queremos depender más del petróleo: si se producirá cada vez menos es mejor irse desacostumbrando lo antes posible. Ni tenemos carro ni lo queremos
  2. ¿Si queda tan poco por qué tanto afan en sacarlo todo tan rápido? Mejor dejarlo enterrado para cuando sea realmente necesario.
  3. No necesitamos tanto petróleo: La mayoría de la gente en realidad no se beneficia de que en Colombia se produzca un millón de barriles. Los beneficios que genera no se reparten equitativamente, tienden a concentrarse.
  4. La geografía del petróleo y la de la violencia se solapan: allá donde hay petróleo suele haber violencia.
  5. El petróleo produce más externalidades que beneficios. Si se tuvieran que pagar todos los daños que ocasiona la exploración y explotación del petróleo con las regalías que genera faltaría plata.
  6. Por lo tanto la explotación de petróleo no produce riqueza, la destruye: Lo que seguro que necesitamos para vivir es: agua limpia, aire limpio, tierra cultivable, biodiversidad y conocimientos sobre como mezclar todas esas cosas para satisfacer nuestras necesidades. Lo que hace la extracción y la quema del petróleo es destruir todo eso.

Traten a estas sentencias como armas y usenlas siempre que las necesiten. Les serán de utilidad, espero.

Nunca seremos Europa

Esta semana he estado leyendo el libro “Desarrollo Humano y Ética de la Sostenibilidad” de Antonio Elizalde. Es una obra bastante accesible acerca de las diferentes perspectivas sobre la satisfacción de necesidades. Elizalde desglosa hábilmente lo que entendemos como necesidades en tres partes: Necesidades, Satisfactores y Bienes:

Las necesidades humanas fudnamentales son universales, es decir, son y han sido las mismas para todos los seres humanos a lo largo de la historia y de las culturas.

Los satisfactores son las formas historicas y culturales mediante las cuales damos cuenta de nuestras necesidades humanas fuandamentales. Son la historización de nuestras necesidades (…) constituyen la interfaz entre lo que es la exterioridad y la interioridad, entre los bienes y las necesidades fundamentales.

Los bienes son los artefactos materiales de la cultura, y son fundamentalmente pura exterioridad, son objetos o cosas que potencian la capacidad de los satisfactores para poder dar cuenta de la necesidad. (…) Por definición, un bien es algo de tipo material, algo concreto y, consecuentemente, tiene un peso entrópico. De modo tal que grava al sistema mayor, que es el de la vida, de la biosfera. (pag. 54-55)

Para Elizalde, Max-Neef y Hopenhayn las necesidades básicas son 9:

subsistencia, protección, afecto, entendimiento, creación, participación, ocio, identidad y libertad. (pag. 55).

Este planteamiento se entiende mejor cuando se compara esta teoría con el punto de vista oficial del desarrollismo (un punto de vista que da suporte ideológico al sistema de producción capitalista y a la ideología liberal): las necesidades humanas son infinitas, ilimitadas y siempre crecientes; por tanto satisfacerlas depende en último término de ser capaces de producir más y más cosas que cumplan este fin, algo, por otra parte, paradojicamente inalcanzable.

¿Como se generalizó esta visión? La modernidad, la perfectibilidad humana, el postivismo, la concepción lineal de la historia… tal vez, pero desde luego la impresión de que llevamos 200 años (desde que se empezó a usar el primer combustible fósil a escala industrial) es decir desde la revolución industrial, creciendo sin parar, nos ha hecho pensar que podríamos seguir haciendolo indefinidamente y que todo el mundo podría llegar a tener de todo, literalmente de todo. Y la única justificación más o menos legítima para semejante empresa es que hacerlo es la única forma de satisfacer las necesidades de las personas y por tanto darles acceso en última instancia a la felicidad, aunque sea en la forma mercantilizada y vacía que vemos por televisión.

Durante bastante tiempo esta concepción, esta narrativa y hasta cierto punto, una forma parcial de realizarla se ha ido extendiendo, de forma que parecía que el estado del bienestar a la europea o el sueño americano, más liberal, eran accesibles a todos. Esto por supuesto no es así, para la mayoría de las personas del mundo el nivel de vida que representa el sueño americano (una casa en propiedad en los suburbios de una gran ciudad, uno o más automoviles, una cocina equipada con todos los electrodomésticos y últimamente, un set completo de aparatos electrónicos) o el del estado del bienestar europeo (educación y sanidad gratuita, vivienda pública y además libertad empresarial) son solo modelos a los que aspirar. En Colombia lo sabemos bien, eso ni es ni será nunca la generalidad. El nivel de consumo que llevan los países en los que dichos modelos tienen un mayor grado de implantación no es extrapolable.

La huella ecológica

mapahuella

Este es el mapa de la huella ecológica de cada país en Hectáreas Globales, una medida de territorio estandar de los recursos necesarios para producir todo lo que una sociedad consume y absorber todos los desechos que haciendolo, genera. No voy a explicarlo en profundidad (podría ser un post entero) pero vale la pena mencionar que de media, los más de 7 mil millones de personas que hay disponen de menos de 2 hectáreas globales de territorio. Los colores más oscuros significan que se consumen más hectareas globales. Entre 5 y 8, en países como Australia, Estados Unidos, Dinamarca, Suecia, Canadá, Suiza, Finlandia, más de 3, el resto de países de la OCDE, Libia, Arabia Saudí… Entre 2 y 3, Brasil, Argentina, Sudáfrica, China, y por debajo, los que consumen dentro de lo que sería extrapolable a toda población sin superar la capacidad de la tierra están basicamente los países pobres y muy pobres, es decir, la mayoría de África, el Sudeste Asiático, Centroamérica y parte de Sudamérica.

Countries with a high level of human development tend to have higher Ecological Footprints. The challenge is for countries to increase their human development while keeping their Footprint down to globally sustainable levels. Living Planet Report, 2014 p. 12

La biocapacidad y el déficit ecológico

Cada territorio tiene una biocapacidad, que también se puede medir en la medida estandar de Hectáreas Globales. Esto está estrechamente ligado al tmaño de cada país: Estados Unidos, Rusia, Canadá, Brasil… son países con gran biocapacidad.

A la diferencia entre la biocapacidad y la huella ecológica se le denomina déficit (o superávit) ecológico. Para que unos países puedan tener déficit ecológico, como es el caso de casi toda Europa, Norteamérica y gran parte de Asia, otros (básicamente África) tiene que tener superávit.

Nunca seremos Europa

La gestión del déficit y el superávit es un juego de suma cero. En el mundo ideal de la economía medioambienta, en la que los recursos son capital natural, se comercia con el superávit cambiando biodiversidad, capacidad de absorción de residuos o sobreexplotación por dinero. Un análisis histórico, social y crítico desvelaría como la apropiación de los recursos naturales ha sido posible solo gracias a procesos de invasión, colonización, explotación y expoliación del norte global hacia el sur global.

Tanto el sueño americano como el estado del bienestar típicamente europeo, se construyeron en el periodo siguiente a la segunda guerra mundial, cuando unos tenían colonizada a parte de África y Asia y otros empezaban su cruzada neocolonialista especialmente en su patio trasero para luego extenderla por todo el mundo. Solo estra apropiación a través de diferentes procesos de dominación, casi siempre violentos, permitió desarrollar estos modelos productivos y estos estándares de consumo disparatados. Muchos de los recursos expoliados son no renovables a escala humana y no reciclables, como el petróleo, el gas o el carbón, otros tampoco son renovables, pero si son reciclables, al menos en parte, como muchos minerales, y otros son renovables si no se extinguen y no se supera su capacidad de regeneración, como la fauna y la flora. Sin duda lo mejor ya se ha ido.

Los mega-yacimientos de petróleo como Cantarel en México o Gawar en Arabia son campos descubiertos hace décadas de los que se sigue beneficiendo básicamente la parte de la población que consume más recursos, incluso si no está en el país que posee estas riquezas. La energía disponible para el supuesto desarrollo que supuestamente tendrán que tener los países que hoy no son, pero quieren ser como Europa, son frustrantemente escasos, difíciles de extraer y mucho más contaminantes que los anteriores. Y no, no serán suficientes para que países como Colombia, México, Brasil o China, lleguen a tener nunca un estado del bienestar como el Suizo, Sueco o Canadiense, ni para llegar al sueño americano.

Consecuencias de la complejidad

Hace poco salió un informe encargado por la ONU comparando el coste de las externalidades de los sectores más importantes de la economía mundial con sus beneficios. El resultado es que para la mayoría de esos sectores las externalidades son más costosas que sus beneficios. Es decir, que si estas empresas tuvieran que pagar por lo que paga el resto de la sociedad derivado de su actividad entrarían en pérdidas constantes…

Vayamos un poco más despacio. ¿Qué son las externalidades? En economía, las externalidades son los costos asociados a una actividad económica que no se incorporan en la contabilidad de las empresas y por lo tanto tampoco se ve reflejado en el precio que un consumidor paga por el producto final. Esto quiere decir que alguien más lo paga. Algunas veces algunos estados lo pagan a través de la sanidad, la educación u otros servicios públicos, otras veces simplemente lo sufren personas a miles de kilómetros de distancia del consumidor final. Por ejemplo: cuando uno compra un galón (4 litros más o menos) de gasolina a unos 8 mil pesos no está teniendo que pagar por los costos medioambientales ni sociales que causa la extracción, refino y transporte de esa gasolina, ni tampoco la contaminación que genera al quemarse en el motor del carro.  Más bien los problemas medioambientales derivados de la extracción los cubren las personas y los municipios donde se encuentran los yacimientos, los costes de contaminación y de desgaste de las vías de transporte los cubrimos entre todos a través de los impuestos que permiten mantener esas vías. Los costes de la contaminación los pagamos cada uno con nuestros seguros cuando enfermamos de asma u otras afecciones pulmonares…


A dos mil pesos el litro, la gasolina es, absurdamente, uno de los líquidos más baratos que se pueden comprar. Una cerveza barata en un bar vale unos 1.200 pesos la botella de 33cl, un litro, por tanto equivale a 3.600 pesos, un 75% más cara que la gasolina. Un litro de leche vale unos 2.500 pesos… , el aceite vegetal unos 3.300 pesos el litro, el litro de gaseosa cerca de 2.000 , un limpiador de superfices unos 5.000 pesos el litro… Ninguna de estas sustancias cubre sus costos de producción pero el caso del petróleo y la gasolina es tal vez uno de los más llamativos por sus altos costes de todo tipo.


No voy a tratar aqui de identificar las externalidades del petróleo. Seria una tarea inabarcable y poco enriquecedora. Pero sí voy a reflexionar acerca de la naturaleza de las mismas.

Veamos. Las externalidades son un fenómeno variable en el tiempo, el espacio y las características de cada producto: no todos los productos tienen las mismas, ni las externalidades de un producto son las mismas en todas partes, ni las mismas todo el tiempo. Sin embargo la principal variable para saber que tan costosas son las externalidades de algo no son ni el tiempo, ni la geografía, ni tampoco el tipo de producto o servicio. Estas cosas influyen, incluso diría que influyen mucho, pero el principal factor para explicar las externalidades es la complejidad de las cadenas de extracción, producción y distribución de un producto dado. Esto quiere decir que la mayoría de las externalidades tienden a producirse antes del uso del bien por parte del consumidor final. Digamoslo de otra manera, la contaminación que causa un carro quemando un litro de gasolina, no es nada comparada con la contaminación que se ha producido para extraer, transformar y transportar ese litro, ni con los daños colaterales como guerras, conflictos sociales, etc. que viven cada día las personas que están en las zonas productivas.

El hecho de que la contaminación sea una de las externalidades estrella es solo un reflejo de la globalización: las materias primas viajan miles de kilómetros transformandose y ensamblandose hasta convertirse, tras dar varias vueltas a la tierra, en el producto final que aparece mágicamente en el supermercado, o en la tienda de la esquina. Colombia no es país particularmente vinculado a las cadenas globales de producción ni distribución, salvo en algunos sectores… el petrolero, el cafetero, el de la droga y algunos más de menor importancia. Por eso tomarse un café en Colombia probablemente genere menos externalidades que hacerlo en España porque el café tomado en España tiene que hacer al menos 10.000 kilómetros de viaje en barco con toda lo que eso implica: puertos, aduanas, inspecciones, construcción de barcos, extracción de minerales para construir esos barcos… En Colombia la cadena de distribución es mucho más corta, menos compleja y por lo tanto genera menos problemas. Este mismo ejemplo se podría repetir con cualquier producto y analizando la longitud y la candena de producción y distribución se podría tener una idea de que tantas externalidades tiene un producto. Esto a su vez sería un buen criterio de selección si uno quiere tomar una decisión informada acerca de que productos preferir basándose en algo más que el precio.

Pero ¿para qué todo este ejercicio? Toda esta introducción sobre las externalidades viene a cuento de que en Colombia, como en muchos otros sitios, ahora que el precio del petróleo esta derrumbado (aunque se ha recuperado unos 10 dólares desde el último post), uno de los debates que surgen es el de la relajación de los controles ambientales. Las empresas tienen que obtener una licencia ambiental antes de poder empezar a explorar en una zona. Estas licencias toman tiempo para asegurarse de que el impacto ambiental en dicha zona no es tan alto como para hacer inviable la explotación. Y este tiempo para las empresas extractoras es un coste. Lo que va a ocurrir, si se modifican esos plazos en favor de las empresas, es que eso ya no será un coste para ellas. Ahora lo será, más aún, para las personas que vivan en aquellas zonas donde, debido a un control menor de los impactos ambientales, las condiciones de vida se deterioren todavía más. Esto permite a las empresas mantener o aumentar sus margenes de beneficio a costa de que otras personas paguen lo que ellas no quieren pagar. Las externalidades tienden a crecer cuando se deterioran los márgenes de beneficio de las empresas.

No es la primera vez que pasa, si así fuera el informe con el que empecé el post ni siquiera habría sido necesario. No será la última vez, las externalidades tenderán a aumentar si permitimos que todas esas empresas con sus complejas cadenas de extracción, producción y distribución, sigan existiendo.

Bienvenidxs a la nueva normalidad…

La visión de Arturo Escobar

En realidad poco nos importa si hay mucho o poco petróleo en Colombia, lo que nos importa es que vamos a hacer con lo que queda, con el resto de materias primas y con nuestras vidas en el futuro. El problema no es el agotamiento el problema es que tenemos que imaginar una forma de vivir completamente diferente.

Hace unos años Arturo Escobar escribió lo que sigue en El Espectador, lo reproducimos aquí para enmarcar la visión con la que en gran parte convergemos acerca de cómo podría ser un futuro sostenible.

Arturo Escobar
Antropólogo y profesor en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Ha enseñado en varias universidades de los Estados Unidos y realizado trabajos de campo en el Pacífico colombiano, junto con comunidades negras. Recibió el título de “Kenan Distinguished Teaching Professor of Anthropology”. Su idea: transición a una sociedad ecológica.

La Colombia de hoy es una Colombia de devastación. Las décadas del “desarrollo” sólo han exacerbado la desigualdad social, la concentración de la tierra, la injusticia, la violencia, la dependencia y la destrucción ambiental. Las llamadas locomotoras del desarrollo económico y el Tratado de Libre Comercio sólo lograrán profundizar estas tendencias.

La Colombia del futuro requiere de un modelo radicalmente diferente; tiene que romper con los imaginarios caducos de los siglos 19 y 20 (“progreso”, “desarrollo”, “modernidad”, “crecimiento material”). Dado que la crisis ambiental y social es global, hay que reimaginarse a Colombia pensando ecológica y políticamente con América Latina y el mundo (especialmente los debates sobre el Buen Vivir y los derechos de la naturaleza), en vez de adaptándose a la fuerza de la “globalización’.

Esto implica pensar en una verdadera transición ecológica y cultural hacia una sociedad muy diferente. Muchos visionarios nos hablan de las características de estas transiciones: la reestructuración de la producción de los alimentos con base en la descentralización, el cultivo orgánico y la biodiversidad; la democracia participativa; las autonomías locales; el uso menos intenso de los recursos; la reducción del consumo de energía y fuentes alternativas de ésta; y las economías sociales y solidarias. Pospetróleo, poscarbono, poscapitalismo, posextractivismo, posdesarrollo son algunos de los imaginarios emergentes. En sus formas más avanzadas, estas narrativas nos hablan de un cambio de modelo civilizatorio.

No es tan difícil imaginarse estos mundos diferentes. Imaginémonos por ejemplo un Valle del Cauca sin caña de azúcar y ganadería extensiva, lleno de pequeñas y medianas fincas dedicadas al cultivo agroecológico de frutales, hortalizas, granos, animales, etc., orientadas hacia los mercados regionales y nacionales, y sólo de forma secundaria a la exportación.

Durante más de dos siglos, este impresionante Valle ha sido sistemáticamente empobrecido ambiental, social, y culturalmente por una élite insensible y racista, que se ha enriquecido inmensamente para su propio beneficio; como se sabe, la caña agota las tierras, las aguas y las gentes (en especial la gente negra) y la ganadería extensiva ha desnudado montes y laderas. En el nuevo Valle se restaurarían los paisajes, se erradicaría la pobreza, muchos que aún quieren tener tierra la tendrían, decrecerían las ciudades y se repoblarían campos y poblados, resurgiría la cultura, se lucharía abiertamente contra el racismo y el sexismo, y todos tendrían acceso a educación de buena calidad y a las tecnologías de la información. Podemos hacer un ejercicio de la imaginación similar con cualquiera otra región del país. El Pacífico, por ejemplo, como lo visualizan los movimientos de afrodescendientes e indígenas, sería un Territorio-Región intercultural con comunidades integradas al medio ambiente, “sin retros, ni coca, ni palma”, como dicen los activistas.

La Colombia del futuro se debe pensar de abajo hacia arriba. Hay, sin duda, requisitos básicos para ello: una redistribución radical de la tierra, una política de convivencia intercultural basada en el fortalecimiento cultural y social de las comunidades, políticas de ciencia y tecnología plurales que se surtan de los múltiples conocimientos y concepciones de vida, e infraestructuras de apoyo en cada localidad y región. Gracias a las visiones sobre la transición, lo imposible se vuelve pensable; lo pensable, realizable. Surgirá otra “Colombia”, ecológica y plural, a medida que deja atrás ese llamado desarrollo que hoy la devasta.