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Decrecentristes

Este es un típico comentario de cualquier foro, grupo o debate donde haya más de dos personas que están muy con la idea del decrecimiento.

Es cierto que las cosas estan complicadas. La civilización industrial está regular. El capitalismo no hace sino empeorar las cosas. Los estados fallidos cada vez son más. Los estados en activo tampoco ayudan. El pico del petróleo, el cambio climático, la perdida de biodiversidad… Pero de ahí a celebrar la extinción de la especie…

Se supone que el decrecimiento era un término arrojadizo, un eslogan para tirárselo a la cara a los defensores del crecimiento ilimitado. Como una piedra en la cara de un economista. Por lo menos esto es lo que decía Sergè Latouche hace unos 10 años. Sin embargo con el uso y con el paso del tiempo se ha convertido un poco en una carga ¿no?, como si esa piedra la estuvieramos tirando sobre nuestro propio tejado, o peor aún como si la llevaramos encima nuestra.

Es como si el decrecimiento nos hiciera más pequeños a nosotros mismos, como si ese énfasis en el colapso, en el declive, el precipicio, en la falta de energía, se estuviera apropiando de nuestras vidas, de nuestras mentes y de nuestros cuerpos. Me imagino al decrecentriste pálido, encorvado, flaco, enfadado, serio y en su casa sin salir el día de la fiesta del pueblo. Porque no quiere consumir las últimas gotas de petróleo, porque con el mundo tal y como está no hay nada que celebrar.

Es cierto que hay una clara disonancia cognitiva entre irse de fiesta, pasarlo bien y ser feliz estando en un mundo lleno de sufrimiento y siempre al borde del colapso. Pero también hay otra disonancia opuesta entre el “se puede vivir mejor con menos” y esta cosmovisión triste de la vida.

Lo duro de la situación del decrecentista es que tiene que hacer equilibrios entre estas dos situaciones contradictorias: la amargura que implica ser consciente de vivir en un mundo peor que apocalíptico, y la felicidad que debería implicar el poder vivir mejor con menos estando constantemente dándole vueltas a ideas como el pico del petróleo, la deforestación, la sobrepoblación, la contaminación o cosas tan abstractas pero tan dramáticas como el imparable descenso de la Tasa de Retorno Energético.

Esta tensión ha dado como resultado dos líneas dentro del decrecimiento, una es la decrecentriste y la otra, tal vez más repelente aún, es la del decrecimiento feliz, los come flores, que a pesar de ser por lo menos igual de pesados tienen menos impacto, tal vez porque su relato es todavía más inconsistente.

Esta división no es exclusiva del movimiento por el decrecimiento, de cierta forma esta presente en todo el movimiento ecologista, incluso en el más mainstream, que se ha encargado de recordarnos constantemente lo jodido que está el mundo y la mierda que será el futuro a la vez que por otro lado se dedicaba a presentar imagenes edulcoradas y optimistas, con una lista de soluciones listas para aplicar y que darían como resultado un mundo ideal (como el 100% renovables).

La especificidad del decrecimiento está en que por su propia naturaleza, por su propio nombre, parece más inclinado a la tristeza que el resto. El decrecentriste tiene las de ganar. Ahí está el problema. Ya no es un eslogan, es casi una identidad. Mientras que la imágen típica del ecologista de los años 60-70 era el hippie, la del decrecentriste del futuro cercano amenaza con ser esta:
Rubens-heraclito-prado

Y esto es un problema. Uno que se puede dividir en varios:

  • Que el tipo de narrativa dominante en el movimiento decrecentista y cada vez más en el ecologista es la del decrecentriste: terminos como colapso civilizatorio, precipicio, apocalipsis, muerte, etc, cada vez se usan más y más indiscriminadamente. Y esta narrativa resuena regular fuera de los círculos activistas.
  • Que todo el discurso se construye en el eje tristeza – felicidad, (con mucho énfasis en la parte de la tristeza) y que la parte de la felicidad es todavía más repelente, pero aún peor, es menos creíble y tiene menos impacto.
  • Que incluso si la narrativa decrecentriste vendiera bien y se hiciera mayoritaria ¿qué tipo de cosmovisión resultaría de ella? yo paso de sobrevivir si vamos a ser todos unos tristes.

Mensajes como el que abrian este post no tendrían ninguna importancia si no fuera por que en los grupos de facebook, en los foros, en blogs como este (porque aveces yo también soy un decrecentriste) y en los debates que normalmente tenemos, estamos creando una narrativa, una cosmovisión, una forma de contarle las cosas que pasan a los demás. Y hay que tener cuidado, porque es posible, o por lo menos sería bueno, que en algun momento las narrativas que generamos ganen centralidad y empiecen a tener influencia en los debates políticos más amplios y tal vez incluso en la forma en la que vemos la vida, como la interpretamos, como la organizamos, etc. Y hay que tener aún más cuidado, porque a ver si lo primero que vamos a eliminar son las fiestas y vamos a volver a la idea del sacrificio como virtud y toda esa mierda.

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Neoliberalismo y límites del crecimiento

Este post es una revisión de uno que publiqué en el blog de Antonio Turiel  el 8 de noviembre de 2015.

El neoliberalismo es una adaptación a los límites del crecimiento o porqué los 70’s lo cambiaron todo
El marco habitual de análisis de la deriva neoliberal normalmente obvia las relaciones entre el desarrollo del neoliberalismo a partir de los 70’s y la crisis ecológica que pasa por un punto de inflexión y se visibiliza con mayor crudeza justo en ese mismo momento. Revisamos esta relación para entender las relaciones entre ambos hechos y de esa forma ver con más claridad la situación en la que estamos y posibles alternativas con las que enfrentarnos a esta deriva.

El origen común
Entre finales de los 60’s y principios de los 70’s el mundo cambio radicalmente en muchos sentidos, la economía, la política, la ecología… las relaciones entre todos esos cambios son tremendamente interesantes a la vez que inesperadas.
1970 fue el año en el que por primera vez la huella ecológica superó la biocapacidad de la tierra, es decir, empezamos a consumir cada año más de lo que la biosfera puede producir y contaminamos más de lo que ésta puede absorber. Nuestra huella ecológica no ha vuelto a superar el nivel al que llegó a mediados de los 70’s pero la biocapacidad de la tierra, las hectáreas productivas disponibles per cápita, han caído aún más rápido, de forma que el déficit ecológico es cada vez mayor. Este es, sin duda, un cambio mayor y desde el punto de vista que sostengo en este ensayo es el momento clave para entender lo que pasa ahora.ecological-footprint
Esto tiene un reflejo muy evidente en la capacidad de extraer recursos de todo tipo. Centrémonos, por ejemplo, en los energéticos. Muy poco después de entrar en déficit ecológico, en 1971, Estados Unidos llegó a su pico de extracción de petróleo.
Algo que, por otra parte, ya había visto venir M. K. Hubbert en los años 50, uno de los geólogos más influyentes del siglo pasado, y que seguramente se volverá a hacer popular pronto.

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En el mismo ámbito y también en la misma epoca el ritmo de crecimiento exponencial de la producción de crudo en los países de la OPEP paró en seco (línea naranja de la siguiente gráfica), luego cayó (crisis petroleras del 73 y del 79) y solo se ha recuperado muy recientemente, aunque con visos de volver a empezar a caer pronto, como mostraba el ingeniero de petróleo francés, J. Laherrere,  hace un par de años.

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Por estos dos parones de la producción tanto de la OPEP como de Estados Unidos, en ese momento los dos mayores productores de petróleo del mundo, el patrón de crecimiento de la producción global de hidrocarburos (excluyendo los extra pesados, que tampoco van a significar una gran diferencia) cambió radicalmente (línea marrón más alta).

Las otras dos grandes energías fósiles, el carbón y el gas, presentan patrones diferentes pero vinculados. Entre las tres representan más de tres cuartas partes de la energía primaria global y su expansión fue anterior en el caso del carbón y posterior en el caso del gas. Sin embargo debido al aumento de la población el consumo de energía per capita global también dejó de aumentar exponencialmente durante esta década y se estancó a partir de entonces:

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Toda esta abrupta limitación en la disponibilidad de recursos energéticos y ecológicos en general tiene consecuencias muy visibles. En mayo de 1969, por ejemplo, se estableció el record de velocidad en una nave tripulada, fue el Apolo X volviendo de la luna: 39.897 km/h. Este también fue el año en el que el Concorde voló por primera vez: el avión comercial más rápido de la historia y el único junto con el Tupolev que superó la velocidad del sonido. El concorde se retiró hace ya unos años y todavía no hay un avión comercial más rápido.

Hay diferentes explicaciones de porqué ocurren estas cosas. David Graeber, un antropólogo estadounidense lo relaciona con un cambio de paradigma en la investigación científica y con el lastre de la burocracia, más bien relacionados con decisiones políticas.

Tom Murphy, un matemático interesado en los límites del crecimiento, llama a la época que empieza en 1970 la época post-innovación (post-invention world), afirmando que la inmensa mayoría de los grandes inventos se hicieron justo antes de ese momento:

The (slightly overstated) claim is that no major new inventions have come to bear in my 45-year lifespan. The 45 years prior, however, were chock-full of monumental breakthroughs.

La relación entre estas dos cosas parece evidente.

Los límites del “Progreso”
Antes de profundizar un poco más en relacion entre estos cambios en la disponibilidad de recursos y los cambios socio-político-económicos, vayamos un poco hacia atrás, aunque superficialmente.

Los estados nación aparecieron en el siglo XVII, pero solo se consolidaron y se definieron en una forma que no ha cambiado demasiado, en el siglo XVIII, con la Revolución Francesa de 1789. Esto coincide con la primera revolución industrial que tuvo lugar entre otras cosas gracias a la explotación y uso industrial del carbón. Los estados democráticos y de derecho y la sociedad del bienestar se desarrolló exactamente en el periodo en el que el consumo per capita de energía se disparó. Es decir justo después de la segunda guerra mundial. Poco antes había empezado la segunda revolución industrial: la del petróleo. La creciente presencia del estado y el mercado global solo fueron posibles gracias a la creación de la tupidísima red de comunicaciones y transporte (y control) que permitió la abundancia de energía barata y de otros recursos. Mantener el control sobre un territorio y una población es algo que requiere mucha energía y muy barata, pero proveer sistemas de seguridad social, educación y empleos bien pagados es solo posible gracias a una economía que crezca (mucho) y esta a su vez requiere de energía excepcionalmente abundante y aún más barata (esto es algo que Gail Tverberg trata extensamente en todos y cada uno de sus posts en Ourfiniteworld.com).

Como hemos visto todo esto empezó a terminarse hace más de 40 años, es decir, en los años 70. Las crisis del petróleo de los 70’s llevaron a recesiones globales muy duras que trajeron cambios igualmente duros. Estas crisis se llevaron el “Progreso”, al menos como lo entendemos habitualmente: la trayectoria lineal que se supone que siguen las sociedades “occidentales” tal vez desde el “renacimiento”. La siguiente es la tasa de crecimiento del PIB global desde 1961 hasta 2014 (viene de aquí). Hay una meseta de crecimiento por encima del 6% desde 1964 hasta 1973, a partir de ahí hay un descenso claro cuyo techo esta, ahora, por debajo del 4% anual de media y bajando con caídas bastante habituales por debajo del 2%, esto incluso durante el período en el que China ha crecido por encima del 10% de media:tasa-de-crecimiento-del-pib-global

Neoliberalismo
Si vives en cualquier país latinoamericano, africano o en España, Portugal, Grecia o Irlanda lo habrás notado: el neoliberalismo se extiende primero por los lugares más vulnerables.

El neoliberalismo como teoría aparece a finales de los años 30, pero no tuvo su primer experiencia práctica hasta que los chicago boys de Friedman empezaron a apoyar la dictadura de Pinochet en… 1973, la última vez que el crecimiento del PIB superó el 6%. A partir de ahí el neoliberalismo se fue expandiendo y consolidando por todas partes. Entre 1978 y 1980 la ideología neoliberal se convirtió en la principal justificación para la política económica en todo el mundo. Deng Xiaoping en China empezó, en 1978, a hacer algunos cambios para liberalizar la economía China, Paul Volcker en 1979, como presidente de la reserva federal empezó una política montaria muy agresiva siguiendo los principios neoliberales, siendo apoyado luego por Reagan que ganó las elecciones en 1980. Por último Margaret Thatcher fue elegida en 1979 con el mandato de frenar a los sindicatos y a la inflación y de revitalizar una debilitada economía. A partir de aquí hubo proyectos neoliberales en casi todo el resto del mundo. La crisis del petróleo de 1979 fue la primera antesala de los experimentos neoliberales de esa época. No había otra alternativa, decían.

La historia estándar dice que el ascenso del neoliberalismo a finales de los 70s fue una reacción a la estanflación y recesión de los años precedentes, que fue además, la crisis del modelo keynesiano de intervención estatal, un modelo que emergió después de la Gran Depresión del 29 y que está en el origen de los estados del bienestar en Europa Occidental. Es decir, que fue una crisis de deuda y de exceso de oferta, es decir, una clásica crisis capitalista… Nadie negaba que el precio del petróleo fuera una de las causas, pero incluso Reagan en su discurso de posesión dijo que el problema para la economía era el Estado… no la finitud de los recursos.

“In this present crisis, government is not the solution to our problem; government is the problem.”

Y esta se convirtió en la explicación oficial de la crisis. Sin embargo esta explicación obvia el hecho de que se estaban superando ciertos límites insostenibles. De hecho esta narrativa, puramente economicista es la que crearon los neoliberales para mantener un sistema de crecimiento, pero sobretodo un sistema de distribución de la riqueza que beneficiaba más a unos que a otros. Y la razón es clara: no hay alternativa si lo que se quiere es seguir acumulando riqueza. Si el pastel deja de crecer, y eso es exactamente lo que empezó a pasar en los 70s, y alguien quiere tener una mayor parte de este, solo puede hacerlo a costa de los demás. Es lo que D. Harvey, el geográfo marxista, llama acumulación por desposesión, solo que él no lo relaciona mucho con temas ecológicos. Es algo que ha pasado de alguna forma siempre, desde los cercamientos de la edad media hasta ahora, solo que sobrepasado el punto en el que la cantidad de recursos disponibles deja de crecer esa desposesión se empieza a hacer cada vez más necesaria y más dramática. Esta llegando a Europa lo que en el tercer mundo llevan sufriendo toda una vida.

¿Cómo controlar esto?
Al mismo tiempo (aquí vuelven Murphy y sobretodo Graeber) la investigación científica cambia de sentido: ya no se investiga para conseguir naves más rápidas, distancias mayores o cualquier aparato que sirva para ir más lejos, llegar más alto o ir más rápido, o por la misma razón, controlar más eficazmente a la naturaleza. Por el contrario el tipo de investigación y de tecnología que se prioriza es aquella relacionada con el control social y de ahí que, según Graeber, estemos hasta arriba de burocracia. Porque ¿qué es la burocracia sino la técnica y las tecnologías del control social?

Suicidio
Visto así parece obvio: si eres parte de la élite y estas viendo que los recursos disponibles decrecen y que si quieres seguir acumulando tienes que arrebatárselos a alguien más; tienes que asegurarte de alguna forma de que estas personas estén ocupadas en otras cosas, en sus trabajos de mierda, rellenando formularios, pagando facturas, haciendo filas, etc. y por lo tanto no estén pendientes de averiguar quien se está quedando con su parte.

Es cierto, el neoliberalismo es un suicidio a largo plazo. Pero en el corto plazo tiene mucho más sentido que la retórica y que el proyecto socialista o social demócrata de repartir equilibradamente el producto del crecimiento. En realidad ese crecimiento es cada vez menor y las posibilidades de que vuelva son más pequeñas cada día. De una forma muy cruda y cínica los neoliberales tienen un proyecto más adaptado al decrecimiento inevitable que los socialdemocratas, los socialistas, los comunistas y muchas otras tendencias más o menos reformistas o revolucionarios. Estos proyectos también son un suicidio, para todos, porque no reconocen ni siquera el problema de la indisponibilidad de recursos, viven aún en el mundo de la infinitud.

Los neoliberales, en cambio, son los ideólogos del capitalismo del decrecimiento. Los que leyeron “the limits to growth” (que, por cierto, fue escrito en 1972 por un grupo de burócratas y técnicos, no muy anticapitalistas) y lo entendieron, lo criticaron, lo ridiculizaron y lo invisibilizaron. Creyeron que el problema de los límites del crecimiento era verdad, que era irresoluble y que ellos iban a aprovecharse de las dos cosas (tal vez no fue una decisión meditada ni consciente, sino más bien una adaptación pragmática, pero eso ya es mucho más que lo que han hecho casi todas las demás grandes corrientes de pensamiento), a costa de los demás. El movimiento por el decrecimiento sostenible y de izquierdas más o menos radical, es solo su contra parte, la de los que creen que tiene solución y que tiene que haberla para todos. Son los que además de leer a Meadows, leyeron a Illich, solo que ni tienen tantas fuerzas ni un plan tan factible como los neoliberales. En realidad ni siquiera entienden a su enemigo al que critican más por una ceguera que no es tal, que por su egoísmo y su pragmatismo homicida.

Las bicicletas y los coches o como se ve esto en las ciudades
Sorprendentemente las bicicletas y los coches tal y como los conocemos se popularizaron más o menos en la misma época, a principios del siglo XX porque ambos dependían de una tecnología que no llegó hasta entonces: el rodamiento.

“La invención del rodamiento señala una cuarta revolución. Creó la opción entre más libertad en equidad y más velocidad.” Ivan Illich, Energy and Equity (1974:61)

Hemos elegido abrumadoramente la velocidad, pero no solo eso, hemos elegido unas tecnologías y unas instituciones paralizantes para la mayoría solo para darle más movilidad, más capacidad y más poder a la minoría. Lo hemos elegido y parecemos estar a de acuerdo con esto.

El Neoliberalismo en las ciudades significó un urbanismo cada vez más agresivamente a favor de satisfacer las necesidades del mercado, convirtiendo cada metro cuadrado en un lugar mercantil o mercantilizable, arrebatando a las personas cada vez una fracción mayor de sus capacidades productivas para entregárselas después en forma de productos empaquetados a cambio de un módico precio para beneficio de productores cada vez mas grandes. Por eso, también la preferencia por los coches: la movilidad rítmica, fluida, cada vez más rápida y más predecible es imprescindible para acelerar también el ritmo de los intercambios, para llevar a los trabajadores a las oficinas de telemarketing o para que puedan ir con facilidad de su casa al supermercado, a su trabajo precario y luego al cine low cost después de trabajar. Y por eso mismo también el uso de la bicicleta se puede convertir en una herramienta del sistema (aunque este es otro debate del que hablaré después).

La clave sin embargo esta en la capacidad productiva: para seguir desposeyendo unos pocos a otros muchos, estos muchos tienen que tener cada vez más limitadas sus posibilidades de satisfacer sus necesidades por sí mismos. Y llegados a cierto punto estas personas ya no son útiles ni como consumidores, porque el dinero progresivamente pierde valor frente a activos fijos, que son lo único que tendrá valor real en un futuro capitalista sin crecimiento. Es la cruel vuelta del valor de uso (una vez más hay que releer este post de AMT). Por eso cualquier proyectos transformador factible tiene que tener en cuenta dos cosas: que no habrá más crecimiento que repartir, sino todo lo contrario y que las grandes estructuras redistributivas del siglo pasado no serán viables en este entorno. No hay más certezas a las que asirse.