La bicicleta

A principios del año pasado Demian Morassi, ya amigo de este blog, hizo un interesante ensayo sobre la situación de quiebra en Puerto Rico con referencias al repertorio musical del Siglo XXI, de esta y otras islas caribeñas: el Reguetón.

Creo que lo que Demian quería decir era que nuestra cultura (que para el caso da lo mismo que sea puertoriqueña, colombiana o belga) no está muy preparada para asumir que estamos en un planeta con recursos límitados, que el crecimiento no es infinito, etc., etc,. y que esto, por su puesto, se refleja y con apabullante descaro, en la música. Aprecio mucho cuando alguien hace visibles este tipo de cosas porque nos ayudan a visualizar nuestros hilos culturales, las referencias comunes que son dominantes de una forma liberadora y sus contradicciones. Es como ver al rey desnudo de repente.

Liberadora, porque darse cuenta del absurdo que es que en una isla sin apenas recursos energéticos y colonizada por los Yankees, un cantante: Daddy Yankee, haga una canción: “La gasolina” y triunfe, no solo allí sino en todo el hemisferio, es como quitarse una benda de los ojos. Y todo esto ocurre en 2004, justo antes del pico del petróleo convencional a nivel mundial (!) Y nadie se pregunta como es posible que este despropósito haya pasado tan inadvertido…

Yo en esta ocasión voy a hablar de otro hit latino de un reguetón un poco más sofisticado que el anterior: “La bicicleta”, con el mismo objetivo: retirar bendas, liberarnos del pensamiento dominante…

Teniendo en mente el artículo de “La Gasolina” es inevitable pensar que “La Bicicleta” es exactamente lo contrario. Tal vez una prueba de que en Colombia tenemos algún recurso cultural que nos va a facilitar adaptarnos a los límites del crecimiento. Que preferimos las bicicletas a los carros o que no nos gusta tanto la gasolina. O, aún mejor, que el hecho de que esta canción este sonando en las radios del mundo quiere decir que al menos existe un discurso alternativo que resuena en algunas personas, en algunos lugares donde están dispuestas a salir en sus bicicletas y dejar sus carros para siempre.

Tal vez algo de esto sea cierto (veremos que parte al final), pero yo me inclino por, y creo que vale la pena visibilizar, una versión mucho más pesimista: igual que el reguetón tiene una versión más sutil y adaptada a otros lugares, otras clases y otros tiempos, el capitalismo y su ilimitada tendencia a ir más veces, más lejos y más rápido también la tiene.

*

Uno de los principales problemas a la hora de analizar cuestiones como el del pico del petróleo o el de la movilidad, es su complejidad, por eso hay que hacer el análisis en dos movimientos. Primero hay que aislarlo para poder entenderlo y después hay que reintroducirlo en su contexto para asegurarse de que las conclusiones encajan en el panorama general. Lamentablemente creo que muchos de los problemas que tenemos se deben a que sabemos hacer el primer movimiento con maestría pero el segundo a menudo nos lo saltamos.

El caso de la bicicleta es, para mí, paradigmático. Los análisis de la movilidad ciclista han llegado a un nivel de detalle sorprendente. Sabemos la distancia máxima a la cual una bicicleta es más rápida que un carro. Sabemos el número de desplazamientos que se realizan en bicicleta y qué proporción del total de desplazamientos representan en diferentes ciudades y países. Sabemos la energía consumida por km recorrido. Sabemos cuales son las mejores políticas para implementar un sistema de movilidad ciclista, sabemos los desequilibrios, de clase y género en su uso, etc, etc. Muchos de estos análisis tienen cabida en lo que se ha llamado la sociología de la movilidad, un campo de estudio relativamente nuevo (y muy interesante, que le recomiendo estudiar a todo el mundo).

Aunque por su puesto hay muchos análisis que tienen una perspectiva como la que voy a presentar más adelante, la mayoría de ellos parten de la base de que la movilidad ciclista es alternativa de por sí. Que más bicicletas circulando es siempre mejor, que una bicicleta más es un carro menos, etc. Y esto es lo que quiero analizar aquí.

Como ya dije, es muy interesante saber cuantas bicicletas hay y cuantos recorridos hacen pero seguidamente hay que reintroducir estos datos en el panorama general para ver el sistema de movilidad como un todo. Y cuando lo hacemos lo que se ve es que la tendencia general es hacia un aumento de la velocidad y el ritmo del movimiento. Un geógrafo inglés, John Adams (en inglés), ha llamado a esta tendencia “El mega proyecto de movilidad más grande del mundo” (también en inglés). Este es, para mí, el mejor marco de análisis.

¿Porqué hay lugares donde cada vez hay más gente usando la bicicleta?

Es cierto que hay lugares como Copenhague, Amsterdam, Barcelona o por ejemplo Bogotá (¿o Barranquilla?), donde hay un uso más o menos extendido de la bicicleta. Normalmente este tipo de cambios se suelen etiquetar con el nombre de movilidad alternativa, movilidad sostenible o movilidad ecológica. Como si se estuviera sustituyendo un tipo de movilidad insostenible o tradicional por otra: la de la bicicleta. Pero, como ya sospecharán, no es esto lo que yo creo que ocurre. Ocurren dos cosas que están muy relacionadas entre sí.

Primero. La complementariedad se debe a la saturación

En primer lugar, lo que pasa es que cuando los centros de las ciudades (y en algunos casos subcentros) están saturados de carros y motos, aparecen las bicicletas que son capaces de recorrer la misma distancia en menos tiempo. Es decir, son más eficientes a la hora de mover a las personas en los centros. Dicho de otra forma, las bicicletas no son un reemplazo de los carros. Si nos fijamos en el sistema de movilidad en su conjunto lo que hacen las bicicletas es complementar la movilidad motorizada (tanto pública como privada) para poder mover a más gente, más lejos, más barato y más rápido. La bicicleta no hace ninguna competencia fundamental al coche (se la hace al bus, al peatón o al moderno segway), lo que hace es complementarlo (fíjense como en el video llevan la bicicleta hasta la playa en camioneta) volviendo al sistema de movilidad general más fluido y mas eficiente. El mega proyecto de movilidad, que es lo que habría que detener, sigue funcionando. Vista así, la narrativa bienintencionada de la bicicleta y su halo de sostenibilidad empiezan a desaparecer dejando un sabor amargo.

Segundo. La adaptación a los límites se produce, pero…

Veamos la segunda de las cosas que ocurren. Al principio de este ensayo dije que tal vez algo de verdad había en la narrativa romántica que dice que las bicicletas son una adaptación a los límites de la tierra. Y creo que es así, el problema es que lo son de una forma que a los amantes de las bicicletas no les gusta ver.

Volvamos otra vez a la canción. Como ya sabemos, ambos Shakira y Carlos Vives son colombianos, y como también sabrán los lectores habituales de esta página Colombia llegó en 2013 a su pico de producción de petróleo. Pero es que además, ambos son de Barranquilla, en la costa caribe donde hay una crisis energética que acaba de estallar, lo cual hace aún más interesante esta historia.

Todo esto, igual que en el caso de “La gasolina”, dice mucho de la lógica que hay detrás del uso de las bicicletas.

Las bicicletas son, efectivamente como sus defensores afirman, un medio de transporte adaptado a los límites. El problema es que lo que consigue su uso masivo y acrítico, ese que se hace separadamente de su contexto, es la sostenibilidad, pero no la sostenibilidad de la vida en la tierra, sino la sostenibilidad… del capitalismo, (ya saben, ese sistema que se basa en la explotación de muchos para el beneficio de unos pocos). Y lo hace manteniendo los ritmos y flujos de trabajadores y consumidores y acelerándolos cuando sea posible, es decir, empujando hacia adelante la máquina del crecimiento ilimitado. Lejos de esa imágen idílica la bicicleta lo que hace posible es la adaptación de este sistema a los límites de recursos. Así con la bicicleta se va a poder sostener más tiempo un sistema insostenible.

Y aquí es donde realmente quería llegar con todo este ensayo. El capitalismo (ese modo de producción, intercambio y distribución) no niega los límites del crecimiento ni el pico del petróleo, no los desconoce, nisiquiera los ignora, tampoco los soluciona o los trasciende, a pesar de que al menos la mitad del movimiento ecologista global lo acuse de eso (sobretodo ahora gracias a Trump). Lo único que en realidad hace es adaptarse a ellos, de una forma, por cierto, mucho más acertada que otras grandes ideologías como el socialismo o la socialdemocracia que siguen empeñadas en repartir el fruto de un crecimiento que ya no es posible. Y lo hace a través de una herramienta específica: el neoliberalismo, que no es otra cosa que la forma a través de la cual una proporción cada vez mayor de recursos, que en terminos absolutos decrecen, son acaparados por cada vez menos personas.

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