Nunca seremos Europa

Esta semana he estado leyendo el libro “Desarrollo Humano y Ética de la Sostenibilidad” de Antonio Elizalde. Es una obra bastante accesible acerca de las diferentes perspectivas sobre la satisfacción de necesidades. Elizalde desglosa hábilmente lo que entendemos como necesidades en tres partes: Necesidades, Satisfactores y Bienes:

Las necesidades humanas fudnamentales son universales, es decir, son y han sido las mismas para todos los seres humanos a lo largo de la historia y de las culturas.

Los satisfactores son las formas historicas y culturales mediante las cuales damos cuenta de nuestras necesidades humanas fuandamentales. Son la historización de nuestras necesidades (…) constituyen la interfaz entre lo que es la exterioridad y la interioridad, entre los bienes y las necesidades fundamentales.

Los bienes son los artefactos materiales de la cultura, y son fundamentalmente pura exterioridad, son objetos o cosas que potencian la capacidad de los satisfactores para poder dar cuenta de la necesidad. (…) Por definición, un bien es algo de tipo material, algo concreto y, consecuentemente, tiene un peso entrópico. De modo tal que grava al sistema mayor, que es el de la vida, de la biosfera. (pag. 54-55)

Para Elizalde, Max-Neef y Hopenhayn las necesidades básicas son 9:

subsistencia, protección, afecto, entendimiento, creación, participación, ocio, identidad y libertad. (pag. 55).

Este planteamiento se entiende mejor cuando se compara esta teoría con el punto de vista oficial del desarrollismo (un punto de vista que da suporte ideológico al sistema de producción capitalista y a la ideología liberal): las necesidades humanas son infinitas, ilimitadas y siempre crecientes; por tanto satisfacerlas depende en último término de ser capaces de producir más y más cosas que cumplan este fin, algo, por otra parte, paradojicamente inalcanzable.

¿Como se generalizó esta visión? La modernidad, la perfectibilidad humana, el postivismo, la concepción lineal de la historia… tal vez, pero desde luego la impresión de que llevamos 200 años (desde que se empezó a usar el primer combustible fósil a escala industrial) es decir desde la revolución industrial, creciendo sin parar, nos ha hecho pensar que podríamos seguir haciendolo indefinidamente y que todo el mundo podría llegar a tener de todo, literalmente de todo. Y la única justificación más o menos legítima para semejante empresa es que hacerlo es la única forma de satisfacer las necesidades de las personas y por tanto darles acceso en última instancia a la felicidad, aunque sea en la forma mercantilizada y vacía que vemos por televisión.

Durante bastante tiempo esta concepción, esta narrativa y hasta cierto punto, una forma parcial de realizarla se ha ido extendiendo, de forma que parecía que el estado del bienestar a la europea o el sueño americano, más liberal, eran accesibles a todos. Esto por supuesto no es así, para la mayoría de las personas del mundo el nivel de vida que representa el sueño americano (una casa en propiedad en los suburbios de una gran ciudad, uno o más automoviles, una cocina equipada con todos los electrodomésticos y últimamente, un set completo de aparatos electrónicos) o el del estado del bienestar europeo (educación y sanidad gratuita, vivienda pública y además libertad empresarial) son solo modelos a los que aspirar. En Colombia lo sabemos bien, eso ni es ni será nunca la generalidad. El nivel de consumo que llevan los países en los que dichos modelos tienen un mayor grado de implantación no es extrapolable.

La huella ecológica

mapahuella

Este es el mapa de la huella ecológica de cada país en Hectáreas Globales, una medida de territorio estandar de los recursos necesarios para producir todo lo que una sociedad consume y absorber todos los desechos que haciendolo, genera. No voy a explicarlo en profundidad (podría ser un post entero) pero vale la pena mencionar que de media, los más de 7 mil millones de personas que hay disponen de menos de 2 hectáreas globales de territorio. Los colores más oscuros significan que se consumen más hectareas globales. Entre 5 y 8, en países como Australia, Estados Unidos, Dinamarca, Suecia, Canadá, Suiza, Finlandia, más de 3, el resto de países de la OCDE, Libia, Arabia Saudí… Entre 2 y 3, Brasil, Argentina, Sudáfrica, China, y por debajo, los que consumen dentro de lo que sería extrapolable a toda población sin superar la capacidad de la tierra están basicamente los países pobres y muy pobres, es decir, la mayoría de África, el Sudeste Asiático, Centroamérica y parte de Sudamérica.

Countries with a high level of human development tend to have higher Ecological Footprints. The challenge is for countries to increase their human development while keeping their Footprint down to globally sustainable levels. Living Planet Report, 2014 p. 12

La biocapacidad y el déficit ecológico

Cada territorio tiene una biocapacidad, que también se puede medir en la medida estandar de Hectáreas Globales. Esto está estrechamente ligado al tmaño de cada país: Estados Unidos, Rusia, Canadá, Brasil… son países con gran biocapacidad.

A la diferencia entre la biocapacidad y la huella ecológica se le denomina déficit (o superávit) ecológico. Para que unos países puedan tener déficit ecológico, como es el caso de casi toda Europa, Norteamérica y gran parte de Asia, otros (básicamente África) tiene que tener superávit.

Nunca seremos Europa

La gestión del déficit y el superávit es un juego de suma cero. En el mundo ideal de la economía medioambienta, en la que los recursos son capital natural, se comercia con el superávit cambiando biodiversidad, capacidad de absorción de residuos o sobreexplotación por dinero. Un análisis histórico, social y crítico desvelaría como la apropiación de los recursos naturales ha sido posible solo gracias a procesos de invasión, colonización, explotación y expoliación del norte global hacia el sur global.

Tanto el sueño americano como el estado del bienestar típicamente europeo, se construyeron en el periodo siguiente a la segunda guerra mundial, cuando unos tenían colonizada a parte de África y Asia y otros empezaban su cruzada neocolonialista especialmente en su patio trasero para luego extenderla por todo el mundo. Solo estra apropiación a través de diferentes procesos de dominación, casi siempre violentos, permitió desarrollar estos modelos productivos y estos estándares de consumo disparatados. Muchos de los recursos expoliados son no renovables a escala humana y no reciclables, como el petróleo, el gas o el carbón, otros tampoco son renovables, pero si son reciclables, al menos en parte, como muchos minerales, y otros son renovables si no se extinguen y no se supera su capacidad de regeneración, como la fauna y la flora. Sin duda lo mejor ya se ha ido.

Los mega-yacimientos de petróleo como Cantarel en México o Gawar en Arabia son campos descubiertos hace décadas de los que se sigue beneficiendo básicamente la parte de la población que consume más recursos, incluso si no está en el país que posee estas riquezas. La energía disponible para el supuesto desarrollo que supuestamente tendrán que tener los países que hoy no son, pero quieren ser como Europa, son frustrantemente escasos, difíciles de extraer y mucho más contaminantes que los anteriores. Y no, no serán suficientes para que países como Colombia, México, Brasil o China, lleguen a tener nunca un estado del bienestar como el Suizo, Sueco o Canadiense, ni para llegar al sueño americano.

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